Submitted on Jue, 03/09/2017 - 10:30

Con toda humildad, el pasado 12 de marzo acepté la distinción que me hizo Spanglish en su entrega número once del reconocimiento a la Mujer Trabajadora.  Desde que María Margoth me llamó para avisarme, han sido días de mucha reflexión y revisión.

 

En la celebración siempre se espera un comentario de quien recibe. Me hubiera gustado rememorar que este día en realidad conmemora un evento sangriento en donde el abuso y la explotación causaron la muerte de 146 mujeres, jóvenes costureras, inmigrantes de Europa del Este e Italia, en un incendio en una fábrica de camisas en Nueva York un marzo de 1911.  Los dueños habían cerrado todas las puertas de las escaleras y salidas, una práctica común para evitar hurtos de mercancía y el incendio convirtió al edificio en horno y tumba de estas mujeres que trabajaban en condiciones deplorables, con salarios injustos y largas jornadas.


Me hubiera gustado también hablar un poco de las estadísticas, sobre todo cuando hablamos de las profesiones que son –todavía hoy- consideradas netamente femeninas –maestra, doctora, etc.- mientras aquellas relacionadas con las ciencias duras –ingeniería o biociencias- son estimadas como poco femeninas.  En Canadá, la probabilidad de que una niña que entra a grado 1 reciba un Doctorado en Ciencias o Ingeniería son de aproximadamente 1 en 286 mientras que las de un niño son de 1 en 167.

 

Y sí. Los datos duros son imprescindibles para comprender qué está haciendo el género humano a nivel macro. La noticia aquí es que todos esos datos se componen de pequeñas historias, individuales, Y que entre ellas el quehacer que las mujeres, que todavía hoy tenemos, en más de un sentido, la mayor parte de la responsabilidad por la educación de un hijo, es decisivo.  Me hubiera gustado contarles de tres mujeres.

 

Una, de pies polvosos, que recorrió los matorrales y las granjas, las calles sin pavimentar del interior de un país de eso que llamamos Tercer Mundo.  Traía en su maleta historias del Grameen Bank, el banco que otorga microcréditos a mujeres y muchas ganas de compartir su educación financiera, que al final se redujo a enseñar a un grupo de mujeres el abc de comprar gallinas, alimentarlas para que pongan huevos y venderlos en el mercado, separando la ganancia para reinvertirla, pagar el abono del crédito y con la ganancia comprar harina de maíz para hacer nshima, un puré imprescindible que saciaría los estómagos hambrientos de sus pequeños hijos. La voz se corrió después de que el primer grupo abrió sus primeras cuentas, más y más mujeres, madres y Jefes de Familia querían saber cómo era esto de ser candidatas a un préstamo sin aval ni garantía, cómo aprender a manejar el dinero o abrir una cuenta cuando sus pies descalzos jamás habían pisado uno. En fin, cómo comenzar un negocio.  Esta mujer volvió con más de cien historias y su pequeño gran trabajo cambió la vida de muchas y la de ella misma.

 

Otra mujer, que escuchaba la tertulia casera que comentaba la noticia del desciframiento del ADN jugando en un nido de cobijitas lleno de Barbies, se enamoró de la Biología en Preparatoria y decidió que la Biología Molecular sería su campo de acción.  El cáncer es una enfermedad con la que dolorosamente casi todos nos hemos relacionado y la dedicación de esta mujer, la creatividad y ese multitasking que se nos da a los latinoamericanos la tienen especializándose en terapias basadas en anticuerpos para tratar y curar diferentes tipos de cáncer.  Esta nueva terapia busca básicamente atacar sólo a las células cancerígenas y no a las saludables utilizando la habilidad natural de los anticuerpos, que atacan a los intrusos que entran a nuestro sistema, y a través de marcadores biológicos detecta a las células cancerosas para liberar en ellas ingredientes citotóxicos que acaben con ellas.  El trabajo en equipo, la conjunción de esfuerzos individuales, que logren derrotar a esta enfermedad la tienen entre sus filas y quién sabe si estaremos celebrando éste como un triunfo de Canadá muy pronto.

 

La última recorrió un largo camino de exploración sobre sí misma hasta que descubrió la maravilla de producir algo con tus manos. Se matriculó en una carrera de Diseño y lejos de pensar en vestir a la modelo o actriz en turno –aunque sí, un poquito-, explora moda de playa en tallas extra y créanme que mi cuerpo es de los que agradecen a estos diseñadores que visten a la mujer real, como tú y como yo.  Esta mujer sueña, por el momento, con dominar un pequeño monstruo que en inglés se llama Sonic Welder –soldadora ultrasónica-, que a través de vibraciones de alta frecuencia produce un calor que une telas de fibras especiales que se utilizan en uniformes industriales para temperaturas extremas o manejo de químicos.

 

Las mujeres-madres criamos a los Presidentes de las Naciones, pero también a sus narcotraficantes y asesinos. Con nuestro apoyo o nuestra desidia, nuestro amor y fomento a la curiosidad y al estudio o solapando conductas que, si no es en la niñez, después ya no se corrigen.

 

Las mujeres de estas tres historias ya no buscan liberarse.  Son exitosas y la vida les sonríe. Recibieron mucho de su educación de una mujer y, me hubiera gustado cantarlo en voz alta el Día de la Mujer. Pero me hubiera gustado también decir que la confianza de creer en ellas, la recibieron de un hombre, de su padre, que hace décadas viene pregonando que cuanto se haga por las mujeres, cuantos espacios se cedan y puestos conquisten, será en mejora de la Humanidad.  Por eso, estas mujeres, solteras,  que disfrutan los caminos que fuimos abriendo las demás, son dueñas de su cuerpo y su destino y celebran este día, orgullosas.  Para ellas, sólo le pediría a la vida que les permita encontrar un balance que les permita, sí, crecer, pero también crear familias saludables junto con los hombres de sus vidas en un espacio sano, no de competencia feroz, por ver quién logra más. Un espacio futuro que no requiera un Día de la Mujer en especial, pues habremos encontrado el justo medio y cada cual desde su responsabilidad y su talento creen el mundo ideal que nos pasamos persiguiendo.

 

Como no quise quedarme sin decirlo, completo aquí mi agradecimiento a Spanglish y a la vida hermosa que premia lo que mi corazón realiza exultante, sin buscar nada a cambio.