Submitted on Mié, 03/08/2017 - 11:39

Oaxaca se incendia y muchos mexicanos, como yo, nos preguntamos ¿concretamente qué pasó en este estado el fin de semana?  Y con su permiso, yo me tomo estas líneas para intentar responder.
 
En mi país, el ejercicio de la autoridad y el control de las protestas sociales están marcados desde 1968, por el manejo cruento que se dio entonces a un gravísimo conflicto de estudiantes.  Eso hizo que el estado de derecho rebote entre la inactividad del gobierno y el abuso de unos cuantos, y el uso de la fuerza a discreción.  El clamor por justicia social de entonces, no es tan distinto al de hoy, y el del magisterio, mezclado con añejas inconformidades tiene a Oaxaca en un incendio nuevamente.  Los maestros del sur de México han levantado la voz, pero los actores que incluye el conflicto son tan diversos, las razones tan complejas y la estridencia de los medios tan escandalosa, que nos encontramos perdidos entre tanta información.  
 
¿Qué pasó exactamente en Nochixtlán el domingo 19? Nadie puede decirlo.  Las autoridades se hallan perdidas en el descrédito, los balbuceos, las verdades a medias y las contradicciones.  Que si los maestros dispararon, que si la policía no iba armada, etc. Los medios reportan que el CNTE, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, un sindicato de maestros del sur de México que se formó en 1979,  como alternativa disidente del Sindicato oficial, se enfrentó a la Policía Federal, después de tres años de una lucha que ha incluido plantones, incendios, despidos, niños sin clases por meses y la detención de líderes magisteriales, todo a causa de la protesta que generó la implantación de lo que se conoce como Reforma Educativa, que en realidad es una reforma administrativa, instaurada el 25 de febrero de 2013 que básicamente incluye:
 
Un sistema de evaluación para los profesores -inexistente hasta antes de 2013-, y un órgano que aplicará la evaluación, de la cual dependerá el ingreso y permanencia del maestro en la plaza asignada.  Hasta antes de la reforma, las plazas en la educación pública podían comprarse al Sindicato, venderse, rentarse o heredarse a un tercero, aún sin formación de profesor. Es cierto que una plaza de maestro es a veces el único patrimonio que una familia puede usufructuar.  La reforma terminó con esta práctica, dando oportunidad a los maestros activos de estudiar y aprobar la evaluación hasta en tres oportunidades. De reprobarla, entonces sí, su lugar podía ser reasignado y ellos, reubicados, o incluso despedidos.
 
Mi país tiene un grave problema de infraestructura en Educación.  Muchos de los maestros en funciones están ejerciendo tras cursar la Escuela Normal en tres años al terminar la secundaria -middle school-, ésto es, antes de que ser maestro exigiera cursarse como una licenciatura -degree/Bachelor-. Más de la mitad de la plantilla de profesores enseñan en escuelas de tablas, con goteras, sin servicio sanitario, pisos de tierra y techos de lámina.  Enseñan en vagones de ferrocarril o construcciones de ladrillos desnudos, en temperaturas incendiarias, de 40 grados C, o congelantes, como cuando aquí en Vancouver nieva en invierno.  Muchos lo hacen también en salones multigrado, en los que se agrupan niños de varias edades, para cursar al mismo tiempo desde 1o hasta 6o grado, toda la educación básica -elementary-, en un sólo salón y con un sólo maestro.  Estos maestros, diríase héroes-educadores, se formaron en Escuelas Normales rurales que hasta hace muy poco estaban en condiciones similares.  
 
Desde el 2013, fecha de la Reforma, los maestros, liderados por su sección, dentro de la Coordinadora, han resistido en todas las formas imaginables la implantación de la Reforma, que en un país con tantas desigualdades como el mío, se ha contaminado con exigencias de todos los colores, haciendo la lucha interminable y más y más compleja.  A pesar de todo, la violencia no es el camino, pues los daños colaterales son demasiados, como onda expansiva, y el reacomodo de beneficiarios, inevitable.
 
Aunque nuestro país tiene 31 estados y un Distrito Federal, -su capital-, la resistencia ha sido cruenta, sobre todo en el sur.  El más pobre.  Otros estados han rechazado la reforma, como Guerrero y Chiapas, de los más bajos en los índices de pobreza y analfabetismo, con suma violencia, dirigida por la CNTE, que hasta llegó a controlar el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca, organismo gubernamental, sólo de dicho. 
 
Todos los maestros están sindicalizados.  Pero no todos están de acuerdo con las protestas. Aunque duele reconocer que la modernidad exige nuevas reglas y que la práctica de plazas heredadas o compradas no debe continuar, están sujetos a las decisiones de los líderes que dicen representarlos.  Quienes desean continuar dando clases pacíficamente y prepararse para sus exámenes de evaluación lo mejor posible, han sido arrastrados en la vorágine de la lucha. Si deciden no apoyar las marchas y protestas, son expuestos, sometidos, hasta rapados y sujetos a burla con carteles al cuello que los ridiculizan, como sucedió en Chiapas. 

Algunos líderes sindicales han sido aprehendidos, acusados de delitos que la justicia esclarecerá o castigará.  Los maestros ausentes, por asistir a las marchas, han comenzado a ser despedidos, lo cual complica aún más la situación.  Su ausentismo golpea directamenteImagen eliminada. a la formación de los niños y el despido incrementa las filas de desempleados. Hoy, la CNTE controla, mientras escribo, las carreteras clave de Oaxaca, impiden el paso de  alimentos, medicinas y servicios, estrangulan la vida cotidiana y continúan vandalizando... y en estas condiciones exigen una mesa de diálogo que se reducen a exigir derogar la Reforma.
 
El enfrentamiento más violento, el de este fin de semana, que nos tiene a todos doloridos, paralizados, sin aliento, dejó 10 muertos -entre ellos un periodista del diario El Sur de Juchitán que fotografiaba la rapiña tumultuaria de un grupo de encapuchados- y una centena de heridos.  Los profesores de muchos países se han pronunciado en solidaridad con el movimiento, pero ¿son sólo los maestros los que protestan?  No. Existen hasta 70 agrupaciones políticas, de posturas diferentes, que se han adherido al movimiento, por solidaridad, o... buscando otro beneficio.  
 
Volviendo a la Reforma, la mejor forma de dimensionar el papel de los profesores es a través de una imagen que el Dr. Manuel Gil Antón ofrece: imaginemos un camión maltratado, de parabrisas estrellado, asientos desvencijados, motor goteando, que camina cuesta arriba en un sendero lodoso, lleno de hoyos y curvas. Sabemos que necesitamos que el autobús vaya más rápido y a alguien se le ocurre que la solución para avanzar es capacitar a los choferes y hacerles un examen de conocimientos.  El autobús es el sistema educativo y el camino las condiciones del país. Los maestros conducen el autobús destartalado,  pero son el autobús y la carretera los que exigen atención inmediata y serán la verdadera solución.  
 
El 64% de nuestras 109,000 escuelas tienen problemas de mobiliario y sanitarios. Somos 114 millones de mexicanos y de ellos, 74 millones tenemos entre 15 y 64 años. El 50% del total de la población vive en condiciones de miseria y aunque la educación básica es obligatoria, en las zonas más marginadas, los niños abandonan la escuela para trabajar o la escuela los abandona a ellos, pues deben caminar kilómetros, en ayunas, para asistir a clases todos los días. 
 
Evaluar a los maestros no es la solución, reprimir sus protestas o dejarlas a su derrotero, temiendo el juicio del 68 tampoco.  Aunque administrativamente la Reforma eliminó un vicio de años, ello no modifica ni la infraestructura, ni los programas de estudio.  Con ese camión y ese camino simplemente no podemos avanzar.