Submitted on Mié, 03/08/2017 - 15:32

Casa mexicana...
 te quiero porque nos proteges
 y en la historia de nuestra familia,
 has sido testigo de maravillosos momentos.
 
Viste crecer a nuestros hijos
cuando llegamos para habitarte,
 recibiste a unos niños y ahora despides a hombres.
 
Tienes el espacio adecuado
 para que cada uno de los que te habitamos,
 estemos a gusto.
 
Eres bonita y acogedora,
 tienes grandes ventanales
 por los cuales entran los rayos del sol por la mañana
y la luz de la luna por la noche.
 
Te adorna un disfrutable y pintoresco patio con su fuente,
 que también forma parte de nuestra historia,
porque ha sido escenario de múltiples festejos,
 cumpleaños y reuniones.
 
Siempre estoy arreglándote
 y nos acompañamos mutuamente cuando todos se han ido,
 y lo más importante, eres como un imán atrayente
 porque logras que todos regresemos a ti
 deseosos de gozarte, disfrutarte y, sobre todo,
dispuestos a descansar. 
 
Y como bien dice un proverbio mexicano:
 “La casa no se reclina sobre la tierra,
 sino sobre la mujer”.
 Por ello...  ¡Mi casa soy yo!